Compañerismo Estudiantil (COMPA) es una comunidad de estudiantes y profesionistas que entienden a la universidad como el campo de misión al cual Dios nos llama a trabajar. Mi trabajo en COMPA consiste en impulsar a todo seguidor de Jesús a ser misionero en su escuela. En el último año me he encontrado con un desafío cada vez más recurrente: los cristianos universitarios sobrecargados con actividades eclesiales.
A primera vista esto pudiera no ser un problema, sino todo un logro. Usted puede celebrar esto si es líder de jóvenes o pastor de una congregación. Pero desde una perspectiva misional, como lo es mi lectura, ese sobrecargo de actividades religiosas limita las posibilidades misioneras de los universitarios en sus escuelas. En este artículo me gustaría explicarlo mejor.
Iniciemos con un ejemplo, digamos Juan Ramírez, estudiante de Derecho en tercer semestre. Juan ha sido cristiano desde los 8 años, cuando su familia comenzó a asistir a una congregación y se convirtieron en seguidores de Jesús. Juan asistió al grupo de adolescentes y ahora es parte del equipo organizador del grupo de jóvenes. Juan aprendió a tocar guitarra y piano en la iglesia, y ahora también forma parte del grupo de alabanza de la congregación. Juan asiste a clases de lunes a viernes en un horario de 8:00 a.m. a 2:00 p.m. Además de eso, el miércoles asiste a un grupo de casa por las tardes. El martes dirige un grupo para niños en su casa. El jueves va a la congregación a ensayar con el grupo de alabanza de jóvenes por la tarde. El viernes tiene reunión del grupo de jóvenes. El sábado ensayo musical para las canciones del domingo. El domingo pasa medio día en las actividades regulares de la congregación. Y así todas las semanas de forma regular, salvo las fechas de temporada alta, como Semana Santa, 2 Congresos juveniles por año (mínimo) 1 concierto al año (donde trabaja como organizador al menos), Navidad, un Celebrando a Jesús en octubre en reemplazo de Halloween, etc.
Ustedes tal vez conocen a muchos Juanes, o probablemente tú te identificaste como uno. Todas estas actividades son valiosas, permiten que jóvenes como Juan puedan ejercer sus dones y talentos, además de desenvolverse con personas que comparten su fe en espacios “seguros”. Sin embargo, este estilo de vida cristiano, que gira entorno a las actividades de una congregación, casi siempre tiene como audiencia a los miembros de la iglesia. En suma, salvo las actividades de servicio a la comunidad, toda la vida de una congregación promedio gira entorno de las paredes para adentro. El 90% del tiempo invertido por Juan en actividades religiosas es para las personas que asisten a la congregación. Sólo el 10% de su tiempo tiene impacto en personas que no son creyentes: los que asisten a los servicios el domingo o a los grupos de casa entre semana.
Hasta aquí vayan sacando ustedes mismos sus conclusiones. Un efecto negativo de un estilo de vida así es que Juan comenzará a desenvolverse de una burbuja cristiana a otra la mayor parte de su tiempo. Solo habrá algunos momentos de su vida en la que no esté rodeado de cristianos o una cultura cristiana: la escuela o el trabajo. El resto del tiempo, Juan lo pasará entre personas que comparte, en esencia, la misma fe y piensa igual a él. Y entonces, cuando eso sucede sí que es un riesgo, porque como Jesús dijo:
“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija (un almud), sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. (Mateo 5:14-16).
Conozco a muchos universitarios cristianos que viven sobrecargados de actividades, con agendas llenas y sin tiempo para invertir en la misión en su propia universidad, con sus propios compañeros. Yo no me atrevo a sugerir cuánto tiempo sea necesario invertir en actividades en la iglesia. No creo que el tema se resuelva con menos horas de trabajo para la congregación.
El asunto es más profundo y se trata acerca de qué entendemos por “misión” y cómo la hacemos. Una persona que vive como Juan, nuestro ejemplo anterior, poco tiempo tiene para relacionarse con otras personas que no forman parte de su burbuja cristiana. Juan se está “recluyendo en espacios seguros” y se “encarna” en la congregación en lugar de hacerlo en el mundo. Juan cada vez preferirá pasar tiempo con los “suyos” y crecerá en ignorancia de cómo viven otras personas, sus búsquedas, sus dudas sobre Dios, la Biblia y Jesús. Al recluirse, Juan impide a otros ver a un creyente en Jesús desenvolverse en el día a día: cómo reacciona Juan al estrés, a las críticas, las tentaciones, sus fracasos; cómo se relaciona Juan con las personas diversas en el campus. Para el resto de la población, Juan será un cristiano que no se junta con ellos para no “contaminarse”. Y para Juan le será más fácil juzgar a sus compañeros por el estilo de vida practicado.
Pero esto no tiene que ser así. Jesús también les dijo a sus discípulos: “...como el Padre me ha enviado a mí, así también yo los envío...”. ¿qué significa esto para el universitario cristiano? Es un llamado a encarnarse en el contexto universitario, a ser estudiante cristiano y vivir ahí, en las tensiones de la universidad, el Evangelio todos los días. Un universitario promedio pasa 30 horas en el campus, rodeado de personas no seguidoras de Jesús. Si el cristiano universitario ha de hacer misión en esta etapa de su vida será precisamente en su escuela.
Los universitarios necesitan conocer a discípulos y discípulas de Jesús en sus escuelas. Necesitan observalos, interactuar con ellos, hacerles preguntas difíciles, cuestionarlos en su fe y conducta. Los discípulos necesitan relacionarse con sus compañeros, vivir la fe en vulnerabilidad, como quien vive en el mundo, pero no es del mundo; como una persona que reconoce no poseer la verdad, pero sí mantiene una relación con quien dijo que lo era; los discípulos necesitan observar y hacer buenas preguntas que cuestionen las narrativas imperantes en la cultura evangélica y sepan dialogar aguda y respetuosamente con otras formas de pensamiento. Los discípulos necesitan llevar esas preguntas a sus congregaciones para inyectar aire a la comunidad de fe; y necesitan regresar a la universidad, como parte del cuerpo de Cristo. Los discípulos necesitan formar una comunidad misionera universitaria para acompañarse en su llamado.*
Desgraciadamente una gran mayoría de cristianos universitarios no tienen tiempo para la misión universitaria ni para ser capacitados en ese campo misionero. Porque la universidad es un campo de misión intercultural y demanda una capacitación pertinente, tal como quien iría a los pueblos indígenas o a las comunidades musulmanas, por ejemplo.
Cuando las actividades de la congregación son tantas que impiden a los universitarios encarnarse y ser testigos de Jesús en su universidad, debería replantearse el modelo. El líder de jóvenes o el pastor de Juan, el personaje ficticio de nuestro ejemplo, debe reflexionar si el grupo de jóvenes es una burbuja que pretende “proteger” a la juventud del “mundo”, o es un grupo que acompaña, capacita y pastorea a la juventud para vivir el Evangelio en en su contexto, incluido el universitario. Porque No se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija , sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.
¿Qué prácticas en la congregación pueden ayudar a los jóvenes cristianos a encarnarse en su contexto universitario? Imagino lo siguiente:
1.- Escuchar a los universitarios, dejarlos hablar de su vida en la universidad: sus luchas, alegría, las preguntas que otros hacen, las preguntas propias y las crisis de fe.
2.- Orar por los universitarios en lo que ellos señalen y lo que el Espíritu diga.
3.- Abordar temas relevantes para ellos desde la fe. Los jóvenes que están en un contexto universitario necesitan ser equipados en su fe al mismo nivel. No es posible creer que estudiantes con una fe de primaria puedan hacer misión en la universidad.
4.- Necesitan formación para vivir su fe. La congregación puede ofrecerla con los recursos propios o en alianzas con ministerios como COMPA u otros maś.
5.- Una pastoral para universitarios. Los jóvenes tienen energía y creatividad, pero necesitan también descanso y pastoreo. La congregación no puede convertirse en una máquina explotadora del trabajo juvenil ni mucho menos pretender justificarse bíblicamente. Antes de ser usado, el joven necesita ser pastoreado, amado.
Una congregación local que invierte en jóvenes no es aquella que los explota ni retiene, sino aquella que los ama, ora por ellos, les provee la Palabra necesaria, los impulsa a comprometerse con sus estudios universitarios y a la misión universitaria. Con la ayuda del Señor, la universidad jamás será la tumba de la fe de nadie, sino la escuela de la fe, el crisol del discipulado en nuestros días.

amen!
ResponderEliminarwowwwwww!
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