En
agosto inicia un semestre más en muchas universidades e instituciones de
educación superior del país. Como parte de mi trabajo en COMPA busco reunirme
al inicio del semestre con la mayoría del grupo de estudiantes a quienes
acompaño en Tijuana. En esta temporada el desafío es ser relevante al contexto
de la misión universitaria al compartir la Palabra. Los estudiantes necesitan
ser discipulados intencionalmente en el campo misionero en el cual justo ahora
se encuentran: la universidad.
La pasada reunión con el grupo local dirigí un breve estudio bíblico de 2 Timoteo cap. 4 que hoy me gustaría compartir aquí confiando que también sea de ánimo para todos los que deseamos seguir a Jesús en las aulas universitarias de México y el mundo.
4 Cuando Jesucristo venga como Rey, juzgará a todos, tanto a los que estén vivos como a los que estén muertos. Por eso pongo a Dios y a Jesucristo por testigos de lo que te ordeno. 2 Tú anuncia el mensaje de Dios en todo momento. Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor. Muéstrale a la gente sus errores, corrígela y anímala; instrúyela con mucha paciencia. 3 Porque llegará el día en que la gente no querrá escuchar la buena enseñanza. Al contrario, querrá oír enseñanzas diferentes. Por eso buscará maestros que le digan lo que quiere oír. 4 La gente no escuchará la verdadera enseñanza, sino que prestará atención a toda clase de cuentos. 5 Pero tú, Timoteo, mantén la calma en todo momento, soporta los sufrimientos y anuncia siempre la buena noticia. Haz bien tu trabajo.
Cuando se lee completamente la segunda carta de Pablo a Timoteo es fácil imaginarla como una puerta, por ella entramos a la intimidad de la amistad entre ambos. Pablo lleva en sus recuerdos al joven Timoteo, le gustaría verle y llama “mi hijo amado”. Pero en el momento de escribir esta carta Pablo se encuentra preso en Roma, a causa de la predicación del Evangelio. Y Timoteo está en la ciudad de Éfeso, por encargo de Pablo, con la responsabilidad de pastorear la comunidad de creyentes en ese lugar. Pablo la está pasando mal, está preso, algunas personas le han abandonado y señala que Alejandro le ha hecho daño. Por su parte, Timoteo tampoco tiene un trabajo de miel sobre hojuelas, sufre por pastorear una comunidad donde circula una falsa enseñanza y mantenerse fiel al Señor.
En el capítulo 4 de esta carta Pablo le da a Timoteo una “encomienda” o una “orden”, según la versión de la Biblia consultada. ¿Cuál es la orden o encomienda? Anunciar el mensaje de Dios, en este breve pasaje Pablo la menciona como “mensaje de Dios”, “la buena enseñanza”, “la verdadera enseñanza” y “la buena noticia”. Notemos como se hace hincapié en “buena” y “verdadera”. Recordemos que Timoteo lidiaba con falsos maestros y sus enseñanzas. Hoy gracias a Internet y redes sociales circula mucha información sobre el Evangelio aunque de diversa calidad. El problema de la existencia de dicha información es la poca formación crítica de las personas para comprender ideas, argumentar y dialogar. Aunado a lo anterior, se suma la falta de formación bíblica teológica en liderazgo y creyente promedio. Todo esto provoca una combinación tóxica generadora de pleitos, divisiones y discusiones inútiles. Por eso, las definiciones son importantes. ¿Qué entendió Timoteo cuando Pablo le habló del “mensaje de Dios”?
¿Cuál es para nosotros el “mensaje de Dios”? ¿Qué entendemos por el “mensaje de Dios”? En cap. 1 Pablo hace un breve y bello resumen del mensaje de Dios.
“9. Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo; 10 y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio.
Dios nos salvó, no por nuestras propias obras, sino por Su gracia. Jesús destruyó la muerte y sacó a la luz la vida mediante el evangelio. ¡Qué belleza! Jesús destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio. El evangelio no es una fórmula para escapar del mundo, es una obra integral: la destrucción de la muerte y todos los sistemas causantes de muerte de personas y el medio ambiente. Pero no solamente eso, sino que también Jesús sacó a la luz la vida. La vida. La historia del universo es la vida. La muerte será destruida por completo y al final la vida fructificara. Este es el mensaje de Dios, la buena noticia. Toda proclamación que reduzca este mensaje es cuestionable, coja. Necesitamos recuperar la gran narrativa de Dios. Jesús viene como rey a consumar su Reino de vida. Las estructuras de pecado y opresión que nos agobian terminarán, no más llanto ni muerte. Viene el Reino de la vida y un Rey misericordioso. ¿Pueden ver la señales de su reino ahora?
¿Qué acciones engloba la encomienda? El anuncio del mensaje. Y este enunciado podemos imaginarlo como una naranja, es un fruto con muchos gajos. El anuncio del Evangelio incluye instrucción, enseñanza, corrección y brindar ánimo en el contexto del amor y la paciencia. En el centro de Tijuana es común encontrar a personas con megáfono y voz en cuello, con una Biblia en la mano, “anuncian” en el Evangelio. Esta práctica piadosa probablemente resultó efectiva en otro tiempo. Sin embargo, en la misión en la universidad es poco útil. Cuando leemos diversas versiones del pasaje de Timoteo 4, vemos que el anuncio o la proclamación se hace de diferentes maneras, todas ellas tienen un elemento relacional y dialógico. Todas las instrucciones que conlleva enseñar se dan en el contexto de la relación con otras personas, en el marco de lo cotidiano y en el amor paciente. La misión no puede darse desde pedestales sino en relación con otros. No puede ser desde una posición de poder con respecto del auditorio, sino en el amor y humildad que conlleva relacionarse con otras personas que piensan distinto a nosotros.
Pero la encomienda de Pablo a Timoteo no es una encomienda casual, la NVI dice “solemne encargo”. ¿Por qué es una encomienda solemne? Si leemos de nuevo notamos como el encargo está hecho con Dios y Jesucristo como testigos. Pareciera la fórmula expresada en los juicios cuando se interroga a un testigo, señalando la solemnidad del acto a punto de suceder. Hay testigos de esta encomienda. No es una obra en soledad.
Esta encomienda tienen sus propios términos, no puede hacerse en los términos que a uno le convengan. Pablo claramente dice a Timoteo: “Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor”. Esta frase me sacudió. Mi personalidad es evitar el conflicto y decir las cosas en “el momento más oportuno”. Pero la misión de Dios no depende de lo “políticamente correcto”. En mis tiempos de estudiante procuraba invitar a mis compañeros a un estudio bíblico buscando “el momento oportuno” pero generalmente nunca llegaba. Por lo que tenía que ser intencional. Timoteo no podía depender de las circunstancias del contexto para anunciar el evangelio, él debía hacerlo aunque en su percepción, no fuera el mejor momento. Porque las buenas noticias de Dios: la destrucción de la muerte y la venida de Jesús como rey que sacará a la luz la vida para siempre, no dependen de nuestras circunstancias y sobre todo, no son sujetas a otras agendas. Pablo le pide a Timoteo participar, por medio de la proclamación del mensaje, de la obra que Dios mismo está llevando a cabo ya. “Dios nos salvó” (pasado) y Jesucristo vendrá como Rey (futuro). Cuando dejamos pasar una oportunidad de comunicar el mensaje del Evangelio perdemos una oportunidad que seguramente no regresará jamás. Para Dios no hay un mejor tiempo para anunciar el evangelio, todo momento es adecuado, después de todo, es él quien lleva adelante su obra, nosotros participamos con él.
¿Con qué cuenta Timoteo para hacer este solemne encargo? A lo largo
de la carta podemos reconocer al menos tres elementos.
El primero es la Palabra:
3. 16 Todo lo que está escrito en la Biblia es el mensaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. 17 De ese modo, los servidores de Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien.
El segundo elemento es el Espíritu:
1. 7 Porque el Espíritu de Dios no nos hace cobardes. Al contrario, nos da poder para amar a los demás, y nos fortalece para que podamos vivir una buena vida cristiana.
1.14 No permitas que nadie contradiga la buena enseñanza que recibiste. Dios te ha encargado ese trabajo, y el Espíritu Santo te ayudará a hacerlo.
El tercero es el ejemplo
1.13 Las enseñanzas que te he dado son un buen ejemplo de lo que debes hacer. No dejes de confiar en Dios y en el amor que tenemos por
estar unidos a Jesucristo.
3. 10 Pero tú, Timoteo, conoces bien mis enseñanzas, mi manera de vivir y de pensar, y sabes cuánto confío en Dios. Tú has visto mi paciencia, mi amor y mi fuerza para soportar las dificultades. 11 Sabes cómo me han maltratado, y cómo he sufrido en las ciudades de Antioquía, Iconio y Listra. Pero el Señor Jesucristo me libró de todo eso. 12 Bien sabemos que todo el que desee vivir obedeciendo a Jesucristo será maltratado.
Timoteo contó con la Palabra (principalmente el Antiguo Testamento), el Espíritu y el testimonio de vida de Pablo. La encomienda solemne viene acompañada de lo necesario para cumplirla. Solo falta fidelidad, amor, paciencia y soportar los sufrimientos inherentes a la misión. Timoteo contaba con la Palabra de vida pero también con el Espíritu de Dios en él. Notemos, no hay una dicotomía entre la Palabra de Dios o el Espíritu. Es riesgoso enfocarnos en el Espíritu y descuidar la Palabra, como también dejar de lado al Espíritu mientras escudriñamos la Palabra. Por otra parte, Timoteo contó con el ejemplo de Pablo. La vida de Pablo y sus sufrimientos por Jesús también son clave para la obra de Timoteo, nuestra
misión se hace en comunidad. Yo agradezco por los hermosos ejemplos de personas encontrados en la comunidad de COMPA e IFES. Esos ejemplos de carne y huesos me siguen desafiando y mostrando vidas que siguen a Jesús.
¿Cuál es el costo de esta solemne encomienda? El sufrimiento.
3. 12 Bien sabemos que todo el que desee vivir obedeciendo a Jesucristo será maltratado.
Pablo mismo escribió esta carga desde el sufrimiento de la prisión. No podemos negar el costo del discipulado. No podemos pretender evitar el sufrimiento por seguir a Jesús. El sufrimiento es parte de la misión aunque no nos guste. ¿Por qué sufrimos? Sufrimos porque vivimos en un mundo caído, sufrimos por las consecuencias de nuestro pecado y el de otros. Y otros sufren por su fe en Jesús. Pero Timoteo no está solo, cuenta con una comunidad, al final de esta carta se mencionan muchos nombres de personas que junto con Timoteo perseveraban en el Evangelio. Además, Jesús mismo viene a nuestra ayuda. Podemos continuar sabiendo que esta solemne encomienda tendrá éxito porque es la obra de Dios y él la hace con y junto con nosotros. El final de la muerte es la destrucción, ¿cómo podremos tener miedo? Necesitamos recobrar la gran historia de Dios en todo momento para mantener los ojos firmes en la historia real. Dios nos salvó, Dios está reconciliando el universo consigo mismo por medio de Jesús y el Señor Jesucristo vendrá como rey a consumar su reino. Esa es la historia de Dios, esa es nuestra historia.
Debemos leer nuestras vidas y esfuerzos misioneros en esa historia. Dios es bueno. Dios no está molesto. Dios hará nuevas todas las cosas. Nadie lo puede detener. Ni los que no lo creen ni los que se oponen, la historia está juzgada. La vida vencerá. Ya no habrá más llanto ni tristeza y Dios mismo enjugará nuestras lágrimas.
Estamos en por iniciar la segunda década del siglo XXI. Les dejo algunas preguntas que nos ayuden a todos:
1. ¿Cómo vivimos este solemne encargo en las universidades este país?
2. ¿Por qué es importante tener en mente la gran historia de Dios mientras estamos en la misión universitaria?
3. ¿Por qué algunas veces juzgamos inoportuno compartir el Evangelio? ¿Qué dice eso de nosotros? ¿Cuál es el riesgo al hacerlo?
Una última:
La proclamación es más que “predicar”, es una actividad práctica, relevante y una acción dialógica. Sucede en el contexto de las relaciones interpersonales. La misión es dialógica, incluye escuchar, entender lo que otras personas dicen, compartir contextualmente el mensaje de Jesús de forma creativa. ¿Cómo influye la creatividad en nuestra proclamación del Evangelio?

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