Iniciar nuevos grupos de estudio
bíblico de COMPA en las universidades de la ciudad es un trabajo relacional y
en equipo. Son relaciones y trabajo en equipo todo el tiempo. Los nuevos grupos
son (1) frutos de la iniciativa del Espíritu, (2) del compromiso del creyente
con Jesús y (3) del trabajo de una comunidad misionera que discípula, acompaña
y enseña.
(1) Dios está reconciliando todas
las cosas consigo mismo, por medio de Jesús (Col 1,20). La universidad no
escapa del plan de Dios de hacer nuevas todas las cosas. Tal vez es una esfera
hostil al Evangelio o indiferente, pero no pasa desapercibida para el buen
Dios. A Dios le interesa la universidad y las buenas noticias del Evangelio son
pertinentes para la universidad hoy. El Espíritu se está moviendo de formas que
no imaginamos y las personas en la universidad están más abiertas a explorar la
fe en Jesús que lo que pensamos. Si no
somos capaces de ver esto o creerlo necesitamos crecer en relación con Dios.
(2) Cada nuevo grupo es resultado
de la relación del estudiante con Jesús. De alguna forma el Espíritu inquieta
al estudiante a compartir del amor de Dios con sus compañeros. La persona que
ora por sus compañeros de clase y la vida universitaria ya está involucrada en
la obra de Dios ahí. Esa misma oración le lleva a tomar acciones concretas para
compartir las buenas noticias de Jesús. Pero no solo eso, los nuevos grupos son
resultados de la relación entre estudiante potencialmente misionero (EPM) y el
estudiante misionero (EM) o el obrero local. Son las amistades entre
estudiantes los medios de gracia para que el estudiante a quien el Espíritu
inquieta encuentre las vías para poner en práctica. Las amistades entre
estudiantes confiere la confianza de saber que “no es el único o la única loca”
y que puedo formar parte de una comunidad misionera. Las relaciones entre
estudiantes potencialmente misioneros y obreros ayuda a proveer, a este tipo de
estudiantes, las herramientas y capacitación específica para la misión universitaria.
Estudiantes misioneros y obreros expanden la visión de la misión universitaria
a los nuevos estudiantes y les abrigan
en una comunidad misionera.
(3) En COMPA somos una comunidad misionera.
Por eso, cada nuevo grupo también es trabajo en equipo. Nunca es trabajo
solitario. Aun cuando solamente es una persona, hay muchos más que colaboran
con sus oraciones y recursos. En el caso de Tijuana el equipo es grande:
obreros, voluntarios, egresados, estudiantes, profesionistas, Grupo de Apoyo
Local, pastores, etc. Pongo un ejemplo. En las semanas pasadas tuve dos
reuniones con estudiantes interesados en iniciar grupos en sus escuelas. Estas
reuniones fueron con personas que ya conocía por medio de otros obreros o
estudiantes. El encuentro fue para presentar COMPA, animarles en su fe e
invitarlos a participar. Después, ella y él fueron capacitados por una
voluntaria de la ciudad, quien les brindó las herramientas básicas para
preparar un grupo. A continuación ellos asistieron a un grupo de estudio
bíblico en la universidad dirigido por otra estudiante con experiencia. Finalmente
hay otra reunión mía con ellos para ultimar detalles y animarlos a dar pasos
concretos. Posterior a eso, si inicia un nuevo grupo hay todo un proceso de
profundizar en amistad, capacitación y acompañamiento en su labor misionera.
En todo este proceso todos los
involucrados (estudiantes y yo) tenemos una pregunta en mente: ¿cómo iniciamos
el grupo? Algunos estudiantes son extrovertidos y atrabancados, ellos necesitan
una capacitación e inician. El trabajo duro con ellos es la formación
posterior. Otros estudiantes, la mayoría pienso yo, son más bien tímidos, con
dudas, miedos y poca idea por dónde iniciar. Con ellos el trabajo más fuerte es
al inicio y permite construir buenos cimientos. Mi propia experiencia se parece
más bien al segundo tipo. Yo necesite de acompañamiento de estudiantes con
experiencia y mi obrera local, en ese tiempo. La comunidad fue clave para
aprender con el ejemplo.
Una forma visual de ayudar a los
estudiantes nuevos a pensar en ¿qué hacer en su universidad para hablar de
Jesús? es el siguiente diagrama:
En el primer círculo y más pequeño están
las amistades y compañeros de clase. Es un grupo relativamente pequeño. En el
siguiente círculo aparece el nombre de escuela/facultad, docentes, personal administrativo
(directivos, secretarias, etc.) y personal de servicio (intendentes,
jardineros, guardias de seguridad). El círculo más grande tiene la etiqueta
universidad. Ahí está todo el personal de la universidad, la vida cultural y
deportiva, los programas de vinculación con la sociedad existentes en la
universidad y la cultura estudiantil, es
decir, todas las actividades ordinarias organizadas por estudiantes y que no
son “actos” oficiales de la institución. Estos círculos son atravesados del
centro hacia afuera por cuatro fechas. Cada flecha tiene una etiqueta: oración,
servicio, proclamación y encarnación. No tienen números pues todas deben
suceder simultáneamente y sin excluirse.
Mi propuesta es que cada estudiante
debe involucrarse en oración, servicio, proclamación del Evangelio de manera
encarnacional. Es decir, desde el involucramiento integral a la vida
universitaria y estudiantil. Esto inicia con sus compañeros y tiene como meta
la totalidad de la universidad misma. Esta idea surge para responder de manera
práctica a la pregunta actual de ¿Cómo ser testigos fieles de Jesús en mi
escuela? Encarnarnos en el contexto, orando desde la escuela, sirviendo a la
escuela, anunciando el Evangelio.
Cuando me reúno con estudiantes
inquietados por el Espíritu la invitación que les hago es a orar en su escuela.
Orar para que Dios ponga disposición a escuchar en las personas y de valor para
ser testigos fieles que anuncian el Evangelio fiel a las Escrituras, relevante
al contexto y de forma creativa en su escuela. Mi invitación también es a
servir a sus compañeros y escuelas, cada institución tiene sus particulares
espacios de servicio en los cuáles involucrarse. Al servir a otros mostramos
nuestro amor por ellos. Esta invitación es a sumergirse en el contexto
universitario, a encarnarnos en él, como Jesús se hizo carne para ser como
nosotros. Por lo tanto, nosotros rechazamos la tentación de vivir aislados de
los demás en nuestras propias burbujas religiosas (cada vez más pequeñas) donde interactuamos con nadie. La universidad
ofrece muchas distintas maneras para encarnarse, desde equipos deportivos,
sociedad de alumnos, congresos, etc. La invitación es a proclamar el Evangelio
en la escuela, no sacar a compañeros de la universidad, llevarlos a la iglesia
y ahí hablarles, no. Proclamamos en Evangelio en la universidad misma, donde
somos minoría, somos vulnerables a críticas pero podemos ser fieles al Señor y
su Palabra al compartirla contextual y creativamente. Oración, servicio,
proclamación y encarnación. Cuatro acciones conjuntas que ofrecen al estudiante
la oportunidad de sumarse a la misión de Dios en su escuela.
Entiendo que ninguna propuesta
puede ser definitiva en todo contexto. Para la misión de Dios no hay fórmulas a
seguir porque somos personas relacionándonos con personas. Y no sé si se han
dado cuenta, pero las personas no somos enteramente predecibles. Necesitamos relacionarnos
unos con otros para crecer en amistad. En las siguientes publicaciones profundizaré
en la propuesta, básicamente en las cuatro acciones. Si consideras que hay
otras acciones prácticas que incluir, te animo a escribirlas en los comentarios
y así enriquecer este ejercicio.

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