La responsabilidad del universitario durante la actual pandemia


Nuestro mundo está en proceso de transformación por acción directo o consecuencia de la actual pandemia de Covid-19. Los efectos en nuestra América Latina ya comenzaron a cobrar matiz propio. El Covid-19 se suma a la serie de preocupaciones de nuestro continente: violencia, desigualdad, precarización, corrupción, y un largo etcétera. 

Y en medio de todo esto se encuentra la población unviersitaria. Fuera del campus universitario, aulas, laboratorios, talleres y cafetería. Ahora están (los que disponen de infraestructura para conectarse a Internet) recluídos en sus casas, en sus pequeños cuartos. Algunos regresaron a su familia núclear, a sus comunidades, alejados de la ciudad y las comodidades urbanas. Están en letargo social. Dormidos de día. Despiertos de noche. Luchando contra sus depresiones, ansiedades o transtornos de déficit de atención mientras intentan asistir  a clases virtuales. Para ellos la pandemia ya afectó ese noble sueño del título universtario como palanca de ascenso social (de hecho vino a darle el tiro de gracia). Muchos tendrán ajuses a su currículum una vez pasado lo peor de la pandemia. Llevarán clases extras, tendrán trámites administrativos pendientes y algunos graduarán como jamás pensaron. Nada de lo descrito anteriormente es responsabilidad de los estudiantes, son los embates de la crisis. A ellos se enfrentan y contra ellos luchan, gestionan la crisis y tratan de llevarla lo más sanamente posible. No hay nada que puedan hacer para cambiar la circunstancia. ¿Y mientras tanto?

Desde hace semanas sostengo videollamadas con los estudiantes líderes de COMPA Tijuana, es la nueva etapa del "obrero virtual" a la cual es indispensable transitar. Al inicio de la pandemia los estudiantes estaban tranquilos, no había en el horizonte muchas razones para preocuparse (esa era mi percepción). Pero conforme avanzaron las semanas el ánimo cambió. Llegaron las afectaciones. 

Sin embargo, pienso en el potencial de todos esos estudiantes universitarios que ahora están en casa. No sólo en el potencial de los estudiantes relacionados con la salud, sino en general. Todos los universitarios tienen una importante labor hoy en día en sus propias casas. Probablemente los jóvenes desprovistos de su rol universitario estén sufriendo. Considerando que el status de universitario es un privilegio que les define y  separa favorablemente de la mayoría de jóvenes que en nuestras culturas son considerados como "ninis" (Ni trabaja Ni estudia), delincuentes, rebeldes, etc. Lo cierto es que ser jóven es desdeñado por muchos. El mundo de los adultos los ve con desprecio y envídia. Ahora muchos universitarios todavía justifican su status de privilegio por su trabajo escolar virtua. Pero el semestre viene a fin pronto. Y pronto ellos se verán desprovistos de "esa protección social" y pasarán a ser semejantes al resto.

En mi opinión, el universitario y tiene un gran compromiso en medio de esta pandemia. Siendo más específico aún diría: El y la universitaria evangélica tienen un compromiso histórico en esta pandemia. Y este compromiso inicia en el contexto del hogar y se extiende, de manera virtual (obviamente) a sus círculos sociales más amplios: familia extendida, vecinos, congregación local, ciudad, estado y país.

¿Cuál es este compromiso? Es un compromiso ético y social, es doble. Ético porque es una compromiso  con la verdad y con base en el conocimiento científico en el cual se están formando. Es social porque su acción beneficia comunitariamente, desde su familia hasta la ciudad. En un mundo de fake news, de poca educación higiénica y generación de nuevos hábitos, los jóvenes, los universitarios son punta de lanza para la transición de nuestras sociedades a un mundo postcovid-19. 

Algunas breves ideas.

Los estudiantes universitarios hoy maś que nunca pueden ser voces que repliquen información veráz entre sus familias y círculos de personas más cercanos. Ahora están más cerca (físicamente) de su familia para tener alguna influencia positiva en ella.  Por su formación universitaria (idealmente) saben cómo emprender la búsqueda veraz de la información y deberían reconocer aquella información sospechosa que ahora inunda la red. La falsa información, las teorías de la conspiración, las medias verdades, las historias plausibles de personajes y agendas políticas determinadas nutren con mucha facilidad la red, las cadenitas de WhatsApp, los noticieros televisivos.

Por ser universitarios tienen un compromiso ético de acercar la información científica veraz al público en general. Ayudar a familiares a entender mejor qué es un virus, su contagio y las medidas de protección. Obviamente, la ciencia es también un discurso, y puede responder a tal o cual agenda. Pero hasta el momento es lo que tenemos para entender cómo funciona el mundo material y producir conocimiento científico.

Hay un riesgo ante la desinformación, algunos ejemplos: consumir ciertos productos, posiciones radicales contra las vacunas, negaciones del virus, la pandemia y enfermedad.

Hay peligros ante narrativas plausibles y sin fundamentos: teorías de la conspiración, el orgiden del virus y otras más.

Hay riesgo de reacciones de odio e irracionales: compras de pánico, violencia contra personal médico, etc.

¿Cómo pueden ayudar los universitarios a sus familias en medio de esa tormenta? 

1.- Al comprometerse con la verdad y luchar contra las mentiras, las medias verdades o las narrativas conspiracionales elaboradas al viento.
2.- Seguir  las medidas de precausión en casa, enseñandolas a sus familiares y generando espacios para óptimos para la limpieza de las personas y objetos que ingresan a casa.
3.- Ayudar a permanecer en aislamiento voluntario.
4.- Abrir espacios familiares para la Palabra. Los universitarios evangélicos participantes de los ministerios estudiantiles saben dirigir estudios bíblicos. Hoy más que nunca se necesitan personas que puedan abrir estos espacios en sus propias casas. Servir a la familia con lo aprendido en la misión universitaria.
5.- Buscar ayuda. El aislamiento voluntario genera estrés, ansiedad y depresión. Probablemente el estudiante mismo sufre todo esto, o algunas personas en su casa. Lo mejor que se puede hacer es pedir ayuda para estas situaciones. Hay variedad de personas que pueden ayudar, desde conversar (virtualmente) con familia, amigos, personas de la iglesa, pastores, consejeros, terapeutas y otros especialistas.











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