Yo no soy Christian. Discurso antigénero y Universidad.



En el acto académico del pasado 27 de junio fue la ceremonia de egreso de los graduados de Psicología en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC-Ensenada). En el programa, uno de los egresados, Christian, galardonado con el Diploma de Mérito Escolar, emitió un discurso que no pasó desapercibido. 


La intervención de Christian al micrófono fue poco cuidada, burda diría yo, simplista, impositiva, excluyente y dogmática, características que podrían resumirse como   discurso antigénero y proVida. Es decir, que está en contra de las políticas de género e inclusión, contra el aborto y los matrimonios igualitarios. Por eso, algunas personas lo calificaron de discurso de odio. 

Al calificar el discurso de Christian como contrario a las políticas de género, me distancio del movimiento ProVida porque en mi opinión reducen la protección a la vida a un área muy particular y guardan silencio ante otros aspectos sociales que la destruyen, como el sistema económico o el deterioro del medio ambiente.


Recordemos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en su Tesis Aislada Constitucional CXVIII/2019 (10a.), define los discursos de odio así: 


Los discursos de odio son un caso especial de discurso discriminatorio, que se caracterizan, entre otras cosas, por promover la discriminación y la violencia en contra de personas o grupos determinados, por razones como la religión o el origen étnico o nacional, y en casos extremos, abogan por el exterminio de esas personas o grupos, por no reconocerles igual dignidad humana. 

 

A raíz del discurso, las reacciones inmediatas se han tornado desmedidas, tanto a favor y en contra. Las personas que critican a Christian piden a la UABC una respuesta que deslinde a la institución de la postura ideológica del graduado y otras tantas que le sea retirado el Diploma de Mérito o incluso que se le niegue el título universitario. 


Por su parte, los aliados de Christian lo han llamado “el héroe de Ensenada” por alzar la voz en favor de la causa ProVida en un lugar tan “corrompido” como la Universidad, y se han lanzado en su protección mediática (y legal) ante cualquier consecuencia por el ejercicio de su derecho de libertad de expresión. 


Lo cierto es que el mayor ruido mediático viene de actores y medios de la causa ProVida, a quienes les gustaría que la Universidad retire el Diploma o inicie gestiones para intentar negar el título universitario a Christian, pues así tendrían un  mártir completo de su causa que les permita seguir posicionando su discurso en el espacio público. Para muestra, han lanzado una campaña en change.com y lanzaron el hashtag #yosoychristian, para marcar tendencia. 


Escribo este artículo para distanciarme de ese tipo de discurso por considerarlo un ataque al espíritu universitario, la sociedad democrática y un obstáculo a nuestra labor como movimiento estudiantil evangélico. Soy consciente que nadie opera en el vacío histórico ni en la neutralidad. Escribo como un egresado de historia en UABC y como cristiano evangélico, y miembro de un grupo de estudiantes evangélicos universitarios, dónde intentamos vivir y anunciar el Evangelio a la realidad total de la Universidad. Escribo pues, si lo quieren llamar así, desde el campo misionero y para los estudiantes de nuestros movimientos en América Latina, a quienes en este momento tengo en mente como mi primera audiencia. Escribo también a título personal y sin pretender que mis opiniones representan la postura oficial de ninguna organización, son pues, responsabilidad mías. 


El discurso de Christian puede ser consultado por completo en la siguiente liga. Para sintetizar esta opinión, escribí en otra entrada de mi blog un análisis más detallado del discurso,  si tienes 5 minutos extra, puedes leerlo aquí


En su discurso, Christian inició valorando la importancia de la familia, en particular del padre. Él dijo: “Toda familia necesita un Padre”. Después trata de ciertos conceptos y valores absolutos que toda persona, nacida y no nacida posee. Además, señaló la existencia de una "lucha antropológica" por definir al ser humano. También criticó el lenguaje inclusivo, el aborto, el género, defendió el derecho de los padres a educar sexualmente a sus hijos libres de influencias externas. Christian, en medio del discurso, lanzó otra arenga: “Con los niños no se metan”. Finalmente atacó a la Universidad misma, por promover "acciones o conceptos", que desde su punto de vista particular, "corrompe y atenta" contra la vida, su dignidad, la ética, bioética y la ciencia". Incluso él afirmó que la Universidad no define la “consciencia” de las personas y solicita que la Máxima Casa de Estudios niegue espacios culturales y detenga programas, que a opinión del galardonado, representan un ataque a la civilización.  


El discurso finalizó cortésmente, con un lenguaje muy distinto al contenido del discurso en general, como si nada hubiera pasado, como si las palabras anteriores no hubieran sido incendiarias. Christian invita a su audiencia a saber, amar y servir. 


Pero la invitación al saber es tendenciosa, él urge solo a leer “libros de autores que ayudaron a construir la cultura, no de los que pretenden destruirla”. Esta actitud de investigación es escandalosamente opuesta a la vida universitaria. Eso no es investigación, sino adoctrinamiento. Es contradictorio al principio de la investigación científica e incongruente con alguien que ostenta un Diploma de Mérito Escolar. 


Christian en su discurso planteó una postura, que es combativa, firme, defensiva, que divide entre ustedes-nosotros, donde no hay lugar para lo distinto y que es también violento y excluyente. A él no le preocupó la impresión que su audiencia tuviera de él. Él en ese momento se asumió como profeta, un Esteban sin temor del martirio. Él supo los terrenos en los que se metía de antemano, lo planeó todo con anticipación y no se mostró temeroso. Él mostró a su audiencia una firmeza tal, que atacó la actitud de lo "políticamente correcto" con su propio ejemplo. 


Muchos aplauden a Christian por el valor para expresar sus opiniones en público a pesar de ir en contra de la tendencia de la sociedad. Sin embargo, aunque el graduado haya usado su derecho a la libre expresión, no evita que esté sujeto al debate público o a recibir consecuencias por sus palabras. 


Por más posicionado en “la verdad” que el graduado se sienta, debemos recordar que nos encontramos en una sociedad plural y diversa, donde no todos comparten la misma fe o valores.  Y que imponer esa misma fe o valores a los demás, no es propio de sociedades democráticas. Y es que aquí hay un punto de ruptura con los discursos desde ProVida, para ellos todo marchaba bien hasta el surgimiento del feminismo radical y el marxismo cultural que dieron vida a la cultura de muerte y la ideología de género, que pretende ser impuesta desde los organismos internacionales hasta el núcleo más elemental de la sociedad, que es la familia del modelo tradicional. Por eso,  ellos no están dispuestos al diálogo, están en pie de guerra. No les interesa escuchar y ni comprender posturas diferentes a ellos, pues ellos creen que ya las entienden. De ahí su fascinación por debates en televisión y redes sociales, a los cuales asisten para defender su postura, atacar a sus oponentes al mostrarlos incongruentes, pues son maestros de la oratoria. Ellos quieren el micrófono para hablar, posicionar sus ideas, proveer un andamiaje “intelectual” a su discurso, fortalecer el músculo de esos movimientos con conferencias sobre la familia, contra lo que ellos llaman “la ideología de género” y lograr votos para conquistar el poder político para legislar según su reducida comprensión de la sociedad. Como señala la periodista Ana Campoy, estos grupos  buscan articular con el concepto de “ideología de género” una herramienta de comunicación y persuasión, que evita el uso del lenguaje abiertamente homofóbico y presentar sus argumentos religiosos en términos seculares.” 


Como un agente interesado en el ambiente universitario me pregunto: ¿esta es la alternativa que tenemos los evangélicos para conectar con la Universidad? ¿Cómo deberíamos responder a esfuerzos como los de Christian? ¿Hasta dónde deberíamos concordar con sus ideas y métodos? Y finalmente ¿esta forma de comunicar es la más apropiada para el mundo universitario? 


Yo sugiero distanciarnos de Christian, su postura, sus métodos y el movimiento ProVida. Por el discurso que dictó, me atrevo a ubicarlo como católico conservador, políticamente a la derecha, activista en movimientos locales ProFamilia, consumidor de su contenido en redes, libros, conferencias, etc. Pero podría equivocarme, bien podría ser un joven evangélico común, pues cuando se trata de la defensa de la familia, las barreras denominacionales se vuelven elásticas y peligrosamente irrelevantes. ¿Por qué hablo de esto? Porque es importante reconocer primero el tamaño y riesgo del anzuelo antes de reconocer lo atractivo de la carnada. 


En cuanto al contenido de las ideas expuestas por Christian, a mi me hubiera gustado leerlas al nivel de su Mérito Escolar, pero prefirió la simplicidad y repetir ideas. El discurso no aportó nada nuevo, ni postura, información o siquiera propuesta de acción creativa, nada, solo fue denuncia, crítica y órdenes. Lo cual sienta bien en la cultura evangélica, estamos acostumbrados a ordenar, a exigir y no ser cuestionados. Queremos ser oídos y atendidos. Pero vaya, ni la fe se impone. El discurso de Christian no construye puentes, antes bien los quema, agudiza la polarización y derrama gasolina al fuego. ¿Se han dado cuenta que un podium se parece a un púlpito?  Christian usó un espacio en el cual sabría que no tendría posibilidad alguna de ser cuestionado en sus palabras. Por temor o por el momento de fama que el podium concede, Christian se expuso como predicador en las esquinas o camiones, con megáfono ante oídos sordos. No podemos suponer que estos son los mejores medios para relacionarnos con otras personas que piensan distinto. ¿Queremos ser escuchados una vez pero a cualquier costo o podemos construir espacios permanentes para el diálogo donde se comparten, discuten y explican diferentes ideas e incluso la fe? 


¿Por qué como evangélicos en la universidad no debemos ser como Christian? 


  • Necesitamos construir puentes con la universidad, no quemarlos. Es preferible desarrollar conversaciones perdurables en el tiempo y mediadas por las relaciones personales a esforzarnos por emitir un solo discurso que genera revuelo pero solo produce división. 

  • Necesitamos privilegiar el diálogo en respeto y humildad por encima de la confrontación. 

  • Debemos resistir la tentación del antiintelectualismo. No todo puede ni debe ser simplificado al grado de reducirlo a un post de Facebook-Twitter o un video en Youtube. 

  • Debemos mostrar respeto por todas las personas, incluídas aquellas que piensan distinto o incluso se oponen a nosotros. Aunque eso implique ofrecer la otra mejilla algunas veces. 

  • No podemos disociar nuestro discurso de nuestra práctica. No podemos promover la concordia y tolerancia si nuestras acciones son excluyentes y discriminatorias. Con esto, quiero decir que no deberíamos identificarnos con discursos de odio. No porque una idea resuene a mis opiniones o mi fe debería recibir mi apoyo inmediato e incondicional sin un análisis previo. 


El ejemplo de Christian es un caso claro de cómo no conectar con la universidad. Lejos de abonar a la cultura de tolerancia o al propósito de su causa, Christian arrojó leña al fuego. Christian ya se fue de la universidad y nos deja problemas.


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